sábado, 26 de abril de 2014

QUE ASÍ SEA




Que las lágrimas de mi madre
El pundonor de mis hermanos
Las burlas de mil fulanos
El rostro serio de mi padre


Las molestias de mis amigos
La pesadilla de anoche
Las calumnias de un fantoche
La plebe y sus castigos


Que se vuelvan fuego, miseria
Vuestra sangre en una copa
Pestilencia, soledad y terror


Que se vuelvan cama con difteria
Un disparo a quemarropa
Vuestro cáncer, vuestro gran error


Así lo quiero yo, chusma mezquina
Así lo clama mi dolor.









lunes, 21 de abril de 2014

EL DINOSAURIO


 
 
 
 
 
 
 
William E. Fleming, director general de James Crawford Publishing, tiene una dilatada trayectoria como diseñador y maquetador de obras digitales  y en formato papel. Actualmente forma parte de las reediciones del El Hombre de Mimbre, así como de futuros números que están en preparación. Podrán contactar con él en:
 
 
 
 
 
 
 
 
Podrán ver más dibujos de Mikael García en:

 
Web de Maikel García
 
 Y
 

 
 
 
 

sábado, 19 de abril de 2014

EL BARCO






"El viajero", pintura de Maria Goretti Guisande , dedicada a su gran amigo el doctor Vernacci


 
 
 
Anoche un barco atracó en mi cama. Era un barco vacío, sin pilotos, sin oficiales, sin capitán. Llegó con una gran luz y zarpó sin avisar. Pronto me vi en la cubierta, sobrevolado por extrañas gaviotas y dragones de papel. El color del mar recordaba a los ojos de un pez muerto, y de su superficie emergían grandes lomos pardos, cubiertos de orificios que expulsaban humo y fuego. A lo lejos podían verse las montañas de una isla, eran de acero. Desde el cielo, dos astros pálidos alumbraban mis manos en la barandilla. Al poco se cubrieron de nubes y el oleaje saltó con fuerza bajo  la quilla. Un aire frío amenazaba con tormenta.  Me aferré con fuerza. Quería regresar a tierra firme, quería lo imposible. Entonces, de repente, una voz me habló en un idioma extraño. No puedo explicarlo pero adiviné cuanto me decía: "¡Salta!". Eché una mirada al mar tempestuoso, y a las extrañas formas que lo poblaban. "¡Salta!", repitió. Y salté. Abajo, en las profundidades, entre los leviatanes, hallé de nuevo mi cama.








 
 

jueves, 17 de abril de 2014

ASHLEY







Sobre la rama del árbol descansa mi corazón
Mis ojos giran vigilantes en el prado
Mis pulmones saltan de miedo al ver el tejado
¿No es aquella la ventana de mi habitación?


Pero ahora esta es mi casa, este palo huesudo
Se está mejor aquí que allá, con sus zapatos meados
Lejos de sus gritos, el alcohol y sus pollos quemados
A solas con mi odio, sin las chorradas de un dios sordomudo.


Si alguna vez bajo del árbol será para romper su estúpida expresión
Para mandar su corazón a una rama, sus ojos a los prados, y sus pulmones al tejado
Hay una perra en mí que quiere hacerlo, hay una perra en mí que ama a mi madre


Algún día limpiaré esa casa de hombres y volveremos a sonreír en mi habitación
Sólo soy una niña, pero lo haré, porque mi perra es fuerte y ha despertado
Está abajo, al pie del árbol, esperándome, mirándome: tiene los ojos de mi padre.





IRON SHOES







Niños, robots y ultraviolencia dan forma a Iron Shoes, un cuento de hadas y ciencia ficción que os impedirá dormir por las noches, pero que os hará soñar despiertos. Aún se encuentra en preparación, pero la envergadura de la historia, y las firmas que trabajarán finalmente en su ejecución, convierten ya este comic en un valor seguro. Os mantendremos informados.
 
 
 
 
 
 

martes, 15 de abril de 2014

CERDOS, CALAVERAS Y MORIBUNDOS.








Come bellotas
Trepa a la encina
Cerdo rápido




Brilla el rocío
En una calavera
Ya amanece




¿Abandonado?
Querido moribundo
Siempre fui tuya




Abrir cabeza
Pajuela bajo el hueso
Bombón barato




Cerdo hablador
Oink, oink, oink, oink, oink, oink, oink
Todo torrezno




En tus bolsillos
Ahí está relegada
La que murió







domingo, 6 de abril de 2014

EL HOMBRE DE MIMBRE N.º2 (NUEVA EDICIÓN)




Pintura de Antonio Hernández para el relato, Mi buen amigo Victor Balmori





El Hombre de Mimbre N.º2 ha vuelto, ha resurgido de sus cenizas y ya está entre nosotros, con nuevos relatos, nuevos dibujos, nuevo diseño, nueva maquetación... El proceso ha sido laborioso, pero fascinante. Tal y como dijera la madre del moderno Prometeo:
 
"Reuní a mi alrededor los instrumentos dadores de vida para infundir el soplo de la existencia en la cosa inanimada que yacía a mis pies. Ya había sonado la una de la madrugada; la lluvia golpeaba lúgubremente contra los vidrios; la vela estaba a punto de apagarse cuando, al resplandor de la luz vacilante, vi que se abría el opaco ojo amarillento de la criatura; respiró con esfuerzo y un movimiento convulsivo agitó sus miembros".
 
Encontrarán a la criatura viva y coleando en:
 



jueves, 3 de abril de 2014

PASEANDO POR PARNOPIO (Viajeros del picoteórico, capítulo xx: La bota del piésfrios)



 
 
 
 
 
 
 
Inicié la ruta de la izquierda, tal y como me había señalado el señor de la bicicleta. Ésta discurría a orillas de una extensa llanura donde no se veía un solo árbol y el pasto brillaba limpio bajo la luz del sol, mientras que por el otro lado podía contemplarse el valle, convertido en un precipicio plagado de estrechas gargantas y una vegetación espesa y dominante. Pero llegando a la colina que se alzaba un poco más adelante, el paisaje mostraba una peculiaridad que había permanecido oculta a mis ojos hasta entonces. A simple vista todo parecía igual: el camino continuaba alargándose por espacio de cuatro o cinco kilómetros, flanqueado por el profundo valle y la llanura, hasta desaparecer en un conjunto de tejados que en la distancia formaban una pequeña mancha de color rojizo, sin embargo, al penetrar con la mirada en la verde planicie que se abría a la derecha, se apreciaba un grupo de enormes rocas que merecieron mi más sonora exclamación. En un principio creí que estaba ante una de esas impresionantes creaciones que dan a veces el azar y los elementos, pero la verdad era bien distinta. Incrédulo, revisé varias veces aquellas formas ahusadas de base ancha y circular, entre las que fácilmente se apreciaban los contornos de una torre, la pechera de un caballo y el casco de un soldado. ¿Y no era aquello otro la corona de un rey? ¿Y lo de más allá el solideo de un obispo? Sí, no cabía la menor duda, eran figuras de ajedrez, altas como las atalayas de un fortín, pero figuras de ajedrez al fin y al cabo. Sobre su utilidad, y el modo en que una llanura había sido reconvertida en un gigantesco juego de mesa, sólo encontré interrogantes y más interrogantes, compensados por el hermoso efecto que producía su visión a quien recorriese aquel solitario sendero. Fue tanto el embelesamiento que me produjeron los peones, preparados para atacar, las imponentes torres, o la corona de la reina negra, de cuyas puntas echó a volar una bandada de pájaros a mi paso, que no caí en la cercanía del pueblo hasta que, sin saberlo, me hallaba ya pisando la sombra de su campanario.